sábado, 8 de agosto de 2015

¿Dónde está el límite?

Me disponía a pasar un sábado viendo la televisión o leyendo uno de mis libros románticos favoritos. Pero no, aquí estoy escribiendo delante de mi portátil, con la cara bañada en lágrimas, convenciéndome de que todo saldrá bien, y que no seré como esas mujeres que lo intentan, lo intentan y lo intentan y no pueden. 
No seré yo de esas que al final se conforman con tener una vida  con su pareja  y no tener hijos propios porque no pueden, ¿o sí? ¿Cuándo te das cuenta de que ya no puedes más? ¿Cuándo estas todo el día pensando en tener tu propio hijo, o al menos una vez al día? ¿Puede ser cuando se te hace eterno un mes o incluso 15 días?  ¿O será cuando quieres dejar tu trabajo aunque te encanta, con tal de ver pasar los días más rápidos? 
¿Cuándo te das cuenta de tu límite? 


El test  que me mandó la psicóloga de infertilidad  no me salió  muy bien. Dice que no tenía apoyo de mis amigos y de mi familia. 
Está claro que hay un sesgo porque la mitad de mi familia no lo sabe y la mayoría de mis amigos tampoco. No me puedo apoyar en los más cercanos porque ya no tengo a cercanos. 
¿Cuándo dejé de disfrutar de la vida? ¿Cuándo fue la última vez que disfrute de los segundos que me daba el día sin importarme nada más? ¿Cuándo pensé en que todo mi mundo estaría rodeado del deseo sobre algo que no sé si tendré? 

Hay una muralla dentro de mí, y no dejo que salga lo que tengo dentro. Me gustaría gritar, chillar hasta no tener voz para escucharme. Me gustaría explotar si con ello pudiera calmar este sentimiento de culpa, autodestrucción y odio que tengo hacia mí misma. Cada mes el deseo de estar rota y de no sentirme completa es un deseo autodestructivo. Nadie puede saber cómo se siente hasta que pasa por lo mismo. Nadie. No vale la empatía amistosa o familiar, no vale el que esté exagerando cuando el que lo dice no sabe por lo que se pasa. No vale que mi médico, que mi enfermera o que la psicóloga diga que sea positiva. No vale porque ellos no son yo. Yo pienso, siento y deseo de manera diferente a cualquiera que hayan conocido y que haya pasado por lo que paso yo. No todas estamos cortadas por el mismo patrón, por lo menos en el modo de pensar y sentir.

….
¿Por qué yo? ¿Por qué nosotros? Sé que tengo la culpa y no quiero arrastrar en mi error a nadie más, pero no quiero estar sola. Soy egoísta y muy hipócrita. Pero ahora mismo no puedo estar sola, no puedo digerir esto yo sola, necesito alguien que me acune, me abrace cuando lo necesite y que no me hable cuando yo no quiera hablar.

Quiero una solución, y una tranquilidad. Necesito tiempo, desconexión ante tanto fracaso. Necesito saber si podré. Si no estoy rota por dentro. Necesito saber que estoy sana y que puedo ser mejor persona.

Sé que hay más vida que esto. Que mucha gente no quiere ni desea lo que yo tanto anhelo. Pero todo el mundo tiene algo en la vida que le motive, y si eso deja de existir, ¿Qué te queda?
Si a una persona que le gusta y le encanta su trabajo, se lo quitas, ¿Qué haría?
Si a otra persona quiere ser mejor en su comunidad y se lo quitas, ¿Qué pasaría?
¿Qué pasa cuando le quitas a alguien el tener un hijo?
Hay gente que no lo aguanta y me imagino el por qué. Ver la cara de tu pareja, viendo un poco de decepción y de tristeza, y no poder arreglar el estropicio. Se separan, y cada uno por su camino. El que no pueda tenerlo se recompondrá haciendo otras cosas que aplacarán su dolor, sus miedos, y su desesperanza. Pero, ¿Y si no se recupera? ¿Y si no puede superar el obstáculo? Quiero saber qué pasa. Qué hay después. Y no me vale de personas que sí tienen un hijo o que han experimentado tenerlos. 
Digo de los que nunca han podido ni acercarse a la experiencia. De los que lo han deseado con todas sus fuerzas y han luchado hasta el final pero no han podido. De esos que nadie habla. De esos que se recuperan. De esos que son felices, que pueden despertarse cada mañana y no piensan en lo que han deseado. En esos que son felices con una nueva meta.


Mi objetivo es esperar. Y no tengo paciencia. No soy positiva y no quiero esperar más.
Quiero una respuesta y quiero saber más. Quiero saber mi futuro y el nuestro. 
Quiero saber si soy útil y si podré descargar esta vena que poco a poco se va hinchando y que me temo que no voy a poder liberar. No quiero ser la tita guay, quiero ser la madre guay. 
La mejor amiga de mi hija/o, la que le dé consejos y la que intente hacer de ella una magnifica persona. Esa misma. Esa quiero ser yo.

Pero, ¿lo seré? 

A veces pienso que las guerras  internas son las peores. No tienes compañeros de batallas que están contigo 24h junto a ti en el que puedas apoyarte porque ellos saben exactamente cómo te sientes. Cuando  matan al enemigo, que curiosamente es su objetivo, disfrutan de la victoria, se sienten mejor por desgracia. Pero cuando en una batalla hay solamente un guerrero y no se puede apoyar en nadie, ¿Cómo lo hace? 
Leí hace poco que los guerreros no lloran porque su honor y orgullo no se lo permiten.Yo me considero una guerrera. Pero si no lloro no puedo seguir. Es un paso que tengo que dar para seguir adelante. Tengo que desahogarme porque si no, me rendiré y no quiero mirar atrás y darme cuenta de que no he llegado hasta el final.

Quiero levantar la mirada, mirar a las estrellas y pensar en que todo irá bien. En que he hecho, estoy haciendo y haré todo lo que puedo a mi alcance. De que el dolor pasará  y el vacío que cada día se va haciendo un poquito más grande, se llene de otras alegrías. De que puede ser que llegue mi momento deseado, pero que si no llega, no es el fin del mundo. 
De que mi vida cambiará, de que no seguiré aquí. De que viviré otras aventuras que me pueden estar esperando y que no conozca y de no decir a nada que no. 
Cambiaría mil aventuras por lo que quiero, pero si no hay trato no me quiero quedar esperando lo que no va a pasar.  


Me gustaría ahorrarme el tiempo. No me gusta perderlo así sin más. Quiero mis respuestas, quiero mis planes y quiero vivir. 

Es gracioso pero en la anestesia (cuando me hicieron la extracción de los óvulos), soñé que estaba en una habitación oscura, de pie, mirando hacia el suelo esperando algo. ¿Sería mi subconsciente queriéndome decir algo? ¿Espero o no? El sueño acabó sin saber si se iluminaría la habitación. Pero es extraño que en el sueño, me sintiera en paz, no estaba triste ni ansiosa. No echaba de menos a nadie. Solamente esperaba con fe de que hacía lo correcto.
¿Lo estoy haciendo ahora?

Puede ser que dentro de semanas, meses o años, no recuerde cómo me siento ahora. Pero ahora sí que necesito expresarlo por aquí. Mediante presión en teclas. Mediante música que abre mi ser para poder calmarse, y sentirse un poco mejor. Porque mañana, será otro día. Habrán pasado horas desde ahora, estaré con gente que haga que olvide mi pena, que haga que me ría por cualquier cosa, que haga cambiar mis emociones en ese momento.
Mañana estaré bien, y si no, dejaré que pase el día para poder levantar la mirada y volver a ver las estrellas.